miércoles, 1 de septiembre de 2010
Desvaríos trasnocheros sin nombre III
Estoy sola. Ya ni siquiera me siento sola, pero se que lo estoy. No. Estoy conmigo. Enfrentándome cara a cara. Intentando entenderme. Cambiarme. Empiezo de cero. Intento aprovechar mi situación. Pero tengo que estar siempre alerta. Un descuido, un paso en falso y soy absorbida. No. Tengo que ver más claro. Ahora entiendo mejor, si me equivoco tengo que poder arreglarlo. Tengo que juntar esas dos personas en mí. La conocida y fácil de controlar y la oculta, escondida tras el rostro de virtud de su hermana, sin dejarse ver por ella, y actuando totalmente fuera de control. Controlar. Quiero poder controlar. Poder decidir quién y cómo quiero ser, y serlo. Entonces tengo que estar atenta. No dejar que esa persona que no quiero actúe. Detenerla ni bien me doy cuenta de sus intenciones. Abrir los ojos aunque no se guste lo que se ve. Y que mi yo ciego e ingenuo desenmascare a mi yo confuso e impulsivo. No permitirle aflorar. Hasta terminarlo por erradicar. Y entonces modificar a mi gusto a mi yo moldeable. Para esto, tengo que aprovechar cada oportunidad.
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